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Indiana fue adoptado por una joven ilusionada ante la perspectiva de disfrutar de la compañía de un perro grande, fuerte y cariñoso y así fue hasta que la crisis vino a visitarla. Se quedó sin trabajo, y un desempleo largo la obligó a tener que aceptar un domicilio en que el Indi no tenía cabida.

Recurrió a su familia, recurrió a sus amigos, incluso a anuncios pero nadie podía hacerse cargo de Indi. Una amiga le habló de la Fundación Acuai, y se puso en contacto pidiendo ayuda. No podía dejar a su perro en una protectora y nos necesitaba para mantener al animal en acogida hasta que ella encontrara trabajo. Examinada su historia y el gran cariño que profesaba a Indi, se decidió ayudarla durante un tiempo.

Indi actualmente está en una residencia, viendo a su dueña todas las semanas y a la espera de que la suerte les permita volver a estar juntos.